Publicado en Conducta, Educación Infantil, Infografías, Inteligencia emocional, Intervención AL/PT/EE

Los problemas de conducta en la infancia y la necesidad de trabajar la inteligencia emocional en el aula.

Los comportamientos contextualmente inapropiados son un motivo de consulta frecuente en los centros escolares. Los lloros incesantes, las rabietas y las pataletas son la respuesta a una emoción secundaria.  Esta excesiva reacción se entiende con la teoría del cerebro triurno de MacLean (2000). ¿Y cuál es su relación con las conductas disruptivas? Las emociones son un procesamiento cognitivo complejo del cual comúnmente se conoce la categorización clásica denominada “emociones discretas”. Sin adentrarnos en el entramado que supone el concepto de emoción, se explica su circuito cognitivo.

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Clasificación de las emociones discretas.

Como puede apreciarse en la imagen, el cerebro está dividido en tres capas partiendo de la base interna hasta el neocortex.

Cerebro triurno.001
Ilustración propia del cerebro triurno según la división del encéfalo de Paul MacLaen (2000).
  1. El cerebro reptiliano se encarga de las funciones fisiológicas, las funciones más ancestrales y primates con las que cuenta el ser humano y sin las cuales no habría supervivencia de la especie. También cuenta con la ejecución de respuesta de huida y lucha.  Así pues, éste es el cerebro de la supervivencia.
  2. El cerebro límbico es la segunda corteza del encéfalo responsable de administrar y regular las emociones, su expresión, los instintos y la motivación. Se trata del cerebro intuitivo o inconsciente tan valorado o más que el consciente, ya que es capaz de percibir detalles del lenguaje corporal, por ejemplo que tenemos tan automatizado que llegan a pasar por alto a la persona. Con frecuencia se es conocedor de que algo malo acecha o que cierto individuo no inspira confianza, sin embargo no se es capaz de identificar el motivo concreto por el cual esa persona nos produce rechazo.
  3. El neocortex es el cerebro del lenguaje, ya que esta última capa del encéfalo es la que nos diferencia del resto de mamíferos. Gracias a ella tenemos desarrollado el habla como medio de comunicación.

En los primeros años de vida, durante la primera infancia, el encéfalo continúa desarrollándose a través de conexiones sinápticas y de la poda neuronal. Las dos primeras capas del cerebro están completas: el cerebro reptiliano (funciones fisiológicas) y el circuito límbico (las emociones). La tercer capa encefálica en construcción es la corteza cerebral. Debido a la falta de lenguaje y estructuración del mismo, la comunicación se realiza a través de expresiones emocionales como son el llanto y la risa; las pataletas y las rabietas. Esta ausencia dificulta la comunicación verbal de deseos y necesidades, la autorregulación y la inhibición. También afecta a la espera de la recompensa, con lo cual el niño siempre demanda el reforzador positivo con inmediatez.  Es cuando encontramos la rabieta en su punto más álgido difícil de controlar.

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Esta respuesta tiene una función social de varias finalidades: llamar la atención del adulto, demandar lo que necesita y/o cambiar una situación que le provoca desagrado. Con este comportamiento también cumple con la función adaptativa de rechazo, protección y autodefensa. Pero, esta actitud que toma como afrontamiento a una emoción originada por una situación displacentera es aprendida y transmitida culturalmente. Por tanto, nuestro temperamento está estrechamente ligado a nuestras experiencias personales y valores heredados. Este hecho otorga posibilidad de cambio y de reeducación en la conducta.

Como medida de actuación, se recomienda calmar al niño y,  posteriormente,  reflexionar sobre su conducta. Pero, sin duda la mejor intervención es la medida preventiva. Por ello, es importante reforzar las conductas positivas y negativas, establecer normas y límites tanto en la escuela como en casa; además de favorecer la construcción de la identidad personal para que el niño sea capaz de autoevaluarse en relación a las normas sociales y autorregular su respuesta emocional según la expectativa social esperada.

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Una de las consultas de mayor frecuencia es referente a las reacciones violentas de algunos niños que deciden responder con insultos, gritos, así como lanzando objetos y mobiliario. Esta actitud suele deberse al estrés, la ansiedad y la frustración que puede ocasionar el hecho de realizar un ejercicio individual de un nivel por encima de su comprensión y capacidad.

Así pues, en los centros escolares es importante trabajar con un programa de inteligencia emocional completo que vaya más allá de enseñar las emociones básicas y su interpretación. Existe en el mercado un reconocido libro infantil que enseña a identificar las emociones primarias y las clasifica por colores según el criterio diferencial de su expresión. Es un recurso con merecido éxito entre los docentes de educación infantil, el cual simplifica para el alumnado el complejo entramado de las emociones. Para los maestros este cuento debe formar parte de una amplia biblioteca sobre la inteligencia emocional. Pero no se debe limitar a estas emociones y se debe profundizar en el tema, ya que esta visión reducida perjudica la transmisión de una respuesta emocional equilibrada ante diferentes situaciones y afectos como por ejemplo la baja tolerancia a la frustración.

En psicología se trata la emoción como proceso multidimensional dado que está compuesto de diferentes tareas:

  • El análisis de situaciones especialmente significativas
  • La interpretación subjetiva en función de la experiencia y el aprendizaje cultural
  • La expresión emocional (postura corporal, expresión facial y prosodia del lenguaje)
  • La preparación para la acción (comportamiento)
  • Los cambios en la actividad fisiológica
Procesos emocionales.001
VisualThinking del proceso emocional. Elaboración propia.

Con todo ello, se pretende reforzar la idea de la enseñanza de la inteligencia emocional, profundizando en emociones secundarias, en los procesos emocionales y en el aprendizaje de respuestas emocionales contextualmente adecuadas y mentalmente saludables. De esta manera, presumiblemente se prevendrán actitudes negativas y violentas, conflictos mal gestionados y problemas de comportamiento.

Quizá ahora el lector entienda por qué se hace referencia a “conductas contextualmente inadecuadas” en lugar de utilizar el concepto de “problemas conductuales”.

 Los niños no son buenos ni malos, son el reflejo de nuestro comportamiento. 

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Referencias bibliográficas:

Fernández-Abascal, E. G., Rodríguez, B. G., Sánchez, M. P. J., Díaz, M. D. M., & Sánchez, F. J. D. (2010). Psicología de la emoción. Editorial Universitaria Ramón Areces.

García, C., Marín, D., & Lizcano, L. (2015). Desarrollo y evaluación del lenguaje en la escuela. Valencia: Tirant Lo Blanch.

Icke, D. traducción Farías, F. (mayo 2000). El cerebro reptil. Recuperado dehttp://www.bibliotecapleyades.net/sumer_anunnaki/reptiles/reptiles76.htm

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